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OPINION: Solo llámame Juan.La Historia Real Del General Juan Pablo Duarte."El Internacional"

llámame Juancito, pues estoy seguro que esa era mi diminutivo unos años después de aquel 26 de enero de 1813 el cual mi padre español y mi madre del Seibo usaban para llamarme a la mesa junto a mis hermanos o hasta para darme una pela.

Si gustas llámame Juan pues ya así me llamó el capitán del barco que tomé rumbo a Europa en 1829, en el cual mi dignidad quiso ser mancillada por este mequetrefe ingles, este al llamarme Haitiano, yo le respondí con la hombría de cual pirata sublevado, me pare frente a su cara y sin palpadear le dije: Yo soy Dominicano. 

El mes que duro la travesía me la pase en mi camarote creando en mi mente a lo que hoy llamamos patria.

Llámame conspirador, pues eso fui desde el momento que reclute a la misma juventud que me fue a recibir al Puerto del río Ozama a mi regreso, llevándolos a los almacenes de mi padre en la tarazana, allí les hable de lo que había visto, de la democracia, de la cultura pero mas que nada de la libertad. De igual forma les hize ver que libertad no se conseguía sin sangre y sacrificio, por eso les enseñe a matar mediante el combate con esgrima, el cual yo había perfeccionado en Europa para tal razón.

Llámame capitán pero no antes llámame Cabo Furiel de la guardia nacional Haitiana, pues eso era cuando en 1834 a sus filas me integré y arrastre a muchos que me siguieron los pasos, pues entendía que en la Trinitaria estaba la deseo patriótico, en las obras teatrales de nuestro grupo La filantrópica estaba el canal de difusión de nuestras ideas independentistas, pero solo con el entrenamiento militar con sus balas, fusiles y el sables completaban esa trilogía que nos darían nuestra independencia.

Llámame político, pues aunque estando ya entrenados y dispuestos no éramos una fuerza militar suficientemente grande para enfrentar al General Boyer, sin embargo hice una unión estratégica con el movimiento revolucionario Haitiano La Reforma los cuales buscaban la destitución de Boyer, mas ellos no sabían que mis intenciones eran la de dividirlos, hacerlos mas débiles y después extirparlos de nuestro territorio.

Llámame prófugo, pues una vez rota la alianza y mis intensiones hechas publicas fui perseguido a tal grado que se le ofrecía el rango de coronel a quien me capturara o me diera muerte. Mas hoy les digo que a ningún Dominicano y soldado hermano, nunca le paso por la cabeza la traición. Ellos me dieron protección, comida y albergue.

Llámame General, mas no te confundas, no es un rango honorífico, no dejes que mis facciones europeas, mi cara afable y mis Buenos modales te hagan pensar que no mataría al enemigo sobre mi caballo y mandaría a fusilar a los traidores.
Yo soy el mismo que bajo el manto de la noche regreso a su patria con un barco lleno cargado de armas y municiones que fueron compradas con la riqueza de su ahora familia en la indigencia, pues yo les había quitado todo lo que tenían, entendía que nada ni nadie estaba por encima de la patria.

Llámame miserable! Pues sumido en ella pase mis últimos años de vida, con mi ropa harapienta, los dedos sucios de cera, mi piel marcada por los mosquitos de la selva Venezolana, unos pulmones llenos de tuberculosis que hacían contraste con un estomago vacío.

Aun así en mi ultimo día de respiro, en esa tarde fría del 15 de julio de 1876, al ver la muerte llegar, a duras penas me puse de pie y como aquel capitan ingles, mirandola a la cara le dije: “si! Yo soy Juan y mi pueblo me llama padre, pero tu me llamarás Dominicano!"
Dios, Patria y Libertad!
Carlos J. Díaz Gómez
Secretario General
Filial Del Instituto Duartiano Washington D.C.
Reside en Baltimore, Maryland.
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